HISTORIA DEL BARRIO PERAL (II)

La nominación de su actual nombre

Corría el año 1889. En el arsenal de La Carraca, Cádiz, se iban realizando con éxito, unas tras otras, las pruebas del submarino de Isaac Peral, botado al agua el 8 de septiembre del año anterior.

Aprovechando una interrupción en las pruebas de mar, Peral pidió permiso al Capitán General del Departamento Marítimo de Cádiz para viajar a París y visitar la Exposición Internacional y así tomar nota de los últimos avances tecnológicos, por si alguno fuera aplicable a su submarino.

En su camino hacia París en ferrocarril pararon en Madrid, donde, por una casualidad se encontró en el Teatro Real con el Ministro de Marina, Almirante D. Rafael Rodríguez de Arias, que quedó sorprendido por su presencia. Peral le comentó que estaba de paso hacia la Exposición Internacional de París y que había obtenido un permiso verbal del Almirante del Departamento de Cádiz. El Ministro no puso ninguna objeción, a pesar de ser el único que podía concederle permiso para viajar al extranjero y haberse enterado por un casual.

Al regreso de la Exposición Internacional y de su grata experiencia por los homenajes allí recibidos, a su paso por Sevilla puede leer en las portadas de todos los periódicos: “El Ministro de Marina, había telegrafiado al Capitán General de Cádiz ordenándole que al regreso de Peral a San Fernando lo arrestase con motivo de ausentarse del territorio nacional sin su permiso expreso, ya que era la única persona que tenía en la Armada la capacidad para negar o conceder permisos de esa índole”.

Al llegar el tren al apeadero de San Fernando, el 7 de noviembre de 1889, Peral era inmediatamente arrestado.

1909. C/ de la Marina. Las clases acomodadas empezaron a ocupar este espacio con sus típicas villas en busca de una mayor amplitud. (1)

Por ello, los vecinos de Los Molinos de Ribera, nada más conocer la noticia del injusto encarcelamiento de Peral, se reunieron en junta vecinal, encabezados por el Sr. Berizo, y solicitaron al Ayuntamiento la nominación de las catorce calles del caserío con los nombres de Peral, su mujer, su dotación y, por supuesto, su invento.

La finalidad que perseguían los vecinos no era otra que la de dar una satisfacción a Peral que lo compensase del agravio de su inmerecido arresto. Finalidad que consiguieron, pues cuando Peral supo la noticia se sintió profundamente honrado, y así se lo hizo saber, mediante una carta fechada en el penal de La Carraca el día 25 de noviembre, a Isidoro Martínez Rizo, Cronista Oficial de Cartagena y gran amigo personal suyo.

Unas semanas después se levantaba el arresto a Peral y en toda la nación la noticia fue recibida con gran alegría. A partir de ahí y conocidos los éxitos obtenidos en las pruebas del submarino, no había pueblo de España que no contara con una plaza o calle con su nombre. Por eso, a Cartagena, su ciudad natal, le sabía a poco nominar la calle Mayor con el nombre del ilustre marino y que en el salón de sesiones del Ayuntamiento se colocara en lugar preferente un retrato de Peral con uniforme de gala. Entonces alguien sugirió la idea de bautizar con el nombre de Peral el caserío de Los Molinos, que un par de meses antes había nominado todas sus calles con los nombres de Peral y su entorno. De esta forma se desmarcarían del resto de España, ya que no existía en el territorio nacional todo un barrio con su nombre.

La propuesta fue aceptada por unanimidad y ese mismo día, 21 de diciembre de 1889, se acordó sustituir oficialmente el nombre de “Los Molinos de Ribera” por el de “Barrio de Peral”.

Peral
Moya
Cubells
García Gutiérrez
Iribarren
Mercader
Los nombres de las trece calles y la plaza referentes a Peral perduran hoy día y son los siguientes:

Plaza Carmen de Peral
Dedicada a su esposa, Dª. Carmen Cencio Rodríguez, con la que contrajo matrimonio el 20 de abril de 1877. Falleció en Madrid el 7 de diciembre de 1945, a la edad de 88 años. En esta plaza se encuentra la iglesia del Inmaculado Corazón de María, obra del arquitecto Víctor Beltrí.

Calle Peral
Dedicada al Teniente de Navío e inventor del submarino, D. Isaac Peral y Caballero. Se encuentra junto a la plaza dedicada a su esposa, ocupando gran parte de ella uno de los laterales de la iglesia.

Calle Moya
En honor del primer voluntario de la dotación, el Teniente de Navío D. José de Moya Jiménez. Oficial encargado de los torpedos junto al también Teniente de Navío Iribarren.

Calle Cubells.
Dispuesta en honor del Teniente de Navío D. Manuel Cubells
y Serrano, natural de Valencia. A bordo era oficial de maniobra. Poseía la Cruz Roja del Mérito Militar.

Calle García Gutiérrez.
Dedicada al Teniente de Navío D. Antonio García Gutiérrez. Oficial de electricidad junto con el Teniente de Navío Mercader. Era poseedor de dos medallas al valor.

Calle de Iribarren.
En honor del Teniente de Navío D. Juan Iribarren Olozarra. Junto con el Teniente de Navío Moya, era el oficial encargado de los torpedos.

Calle de Mercader.
Dedicada en honor del Teniente de Navío D. Pedro Mercader Zufía. Oficial encargado de la electricidad junto al Teniente de Navío García Gutiérrez. Nacido en Barcelona en 1857, fue el miembro más joven de la dotación y llegó a ser Capitán General del Departamento Marítimo de Cádiz. A él se debe que cuarenta años después de su botadura, el submarino no acabará totalmente desguazado en Cádiz y se trasladara a Cartagena.

Calle Armero.
Dedicada a la memoria del Capitán de Fragata D. Antonio Armero Ureta, ayudante personal de la reina regente María Cristina de Habsburgo-Lorena, entusiasta admiradora del proyecto del submarino que así pretendía estar al corriente de las pruebas. Armero, que era además amigo personal de Peral, murió de una angina de pecho antes de finalizar las pruebas del submarino. El día que empezó a sentirse mal le dijo a Peral: “Sacadme del barco, que me encuentro muy mal, y no te faltase más que yo muriese aquí dentro para que esos fariseos te arruinasen por completo diciendo que el submarino es mortífero”.

Calle Casado del Alisal.
En honor de D. Carlos Casado Alisal, indiano que en la Pampa Argentina hizo una espléndida fortuna y que regaló a Peral una importantísima cantidad de dinero, 500.000 pts, para que pudiera concluir el submarino. Aunque el dinero fue aceptado en un principio por Peral, tres meses después, como consecuencia de su arresto, decayó su moral y entre varias determinaciones estuvo la de devolver la donación.

Calle del Maquinista.
Dedicada al personal encargado de las máquinas:
D. José Luques Matalobos, tercer maquinista de la Armada. D. Manuel García Manchón, cuarto maquinista. D. Joaquín López Castillo y D. Antonio Romero Beardo, ayudantes de máquinas.

Calle del Contramaestre.
Dispuesta en honor del Contramaestre asignado a las órdenes de Peral. Además de hacerse cargo de las funciones propias de Contramaestre ejercía de timonel. La identidad de este individuo no aparece en ninguna publicación de la época.

Calle Marineros de Peral.
Dedicada a los anónimos marineros puestos a las órdenes de Peral para ayudarlo en todo menester.

Calle de la Marina.
Calle nominada desde la misma fecha que las anteriores.

Calle del Submarino.
Llamada así en honor del propio invento. Arteria principal donde se encuentran los principales comercios de la zona, y que cruza el barrio de norte a sur. En esta calle desembocan todas las anteriores.

(…continuará)

SALVADOR ZAMORA

Bibliografía

- Tras la estela de Peral. Diego Quevedo Carmona. 2001
- Barrio de Peral: sus orígenes e historia. Julia Vázquez Aragón y otras. 1998.
- Cartagena entrañable. Isidoro Valverde. 1966.
- Guía de Cartagena. Federico Casal Martínez. 1933.
- Cartagena 1874-1936 (Transformación urbana y arquitectura). F. Javier Pérez Rojas. 1986.
- El patrimonio de Cartagena y sus gentes (1995-1999). José Monerri Murcia. 2001.
- www.cartagena.es
- http://centros3.pntic.mec.es/cp.feliciano.sanchez

(1) Andrés Fabert. Alcaraz Cómic Librería.

Monográficos