
ROGATIVAS Y CONJUROS EN EL CAMPO DE CARTAGENA
En la comarca de Cartagena durante el transcurso de los siglos XVII y XVIII, la fe religiosa del pueblo llano (y el no tan llano), sumado a la exigua formación científica, determinará que sea una época de supersticiones, de creencias en los milagros, de conjuros, percibirán prodigios y presencias sobrenaturales en cualquier manifestación atmosférica, aceptarán muchas curaciones como inexplicables, etc.; si a todo ello sumamos las reiteradas inundaciones, las prolongadas sequías típicas de esta zona y la subsiguiente pérdidas de cosechas, las terribles tormentas de granizo, esas impresionantes plagas de gorriones, tordos y langostas. Es lógico pensar que sus habitantes acudieran en auxilio de lo que tuvieran más a mano, para intentar acabar con los diversos males que les acaecían; y en muchos casos optaron por las procesiones y rogativas.
Pero eran todavía peor las atroces epidemias que asolaban a la población (peste, paludismo, tifus, fiebres, etc.), ocasionando una gran mortandad entre los vecinos, y sobre todo un miedo desmedido, por creerlas consecuencias de un castigo divino provocado por sus pecados. Cuando no había modo de frenarlas (imaginemos los conocimientos médicos de la época), entonces era frecuente ir en rogativa, es decir, hacer una oración pública a Dios para conseguir el remedio de sus males, o exorcizar/conjurar a la causa de sus fatalidades por medio de algún religioso experto en este tema.
La credibilidad en los conjuros, venia muchas veces por ser los propios vecinos testigos de su buen resultado, y podían testimoniar el poder sobrenatural del conjurador de catástrofes. Un ejemplo de esto ocurrió en 1746, cuando se declaró un pavoroso incendio en una casa de la calle Vidrieros de Murcia, dado el auge que tomaron las llamas que podían comunicarse y prender a todo el barrio, el cura de la parroquia de San Antolín decidió acudir con el Santísimo bajo palio, y enfrentando la Custodia a la vivienda que ardía por los cuatro costados, ordenó que se extinguiera el incendio y acabó el fuego. Toda la ciudad al enterarse del prodigio se emocionó por el extraordinario suceso, que fue tanto el concurso de gentes que acudieron que no cabían en las calles
Parece ser que en la época romano-visigoda se rendía devoción a una personalidad que suponían estaba enterrada en el cerro del Miral, junto al actual Monasterio de San Gines de la Jara (apareció una lapida, con la inscripción Caius Munisius), de hecho, hasta época muy reciente, los pobladores de la zona acudían al santuario para pedir protección ante los fenómenos atmosféricos (los labradores rogaban el fin de las sequías o el amparo contra el granizo, los pescadores pedían la defensa ante tormentas o naufragios).
Se hacían rogativas para múltiples necesidades, valga una muestra las realizadas en Cartagena en diversas fechas:
- Sacan en procesión la imagen de San Ginés para suplicar la lluvia en 1574, y en 1580 hay constancia de lo mismo ante la grave sequía que se padecía en la comarca.
- En 1594 el Cabildo cartagenero llama al padre Castellano, para exorcizar la plaga de langosta que estaba destruyendo la cosecha, pagándosele 200 reales de limosna.
- Felipe III en 1605 ruega a todo el país, que se hagan rogativas por la salud del Papa Clemente. Realizándose debidamente en esta ciudad.
- El 16 de abril de 1622, se procesiona a San Gines con la Inmaculada, la Virgen del Rosell, y la de Los Remedios, para implorar la lluvia, Acompañan al cortejo los Regidores, frailes, clérigos y el pueblo. Hay constancia del gasto ocasionado por la ceremonia religiosa: 896 reales por el consumo de 163 libras de cera (Arch. Mpal. de Cartagena caja 242, exp.2).
- El dos de noviembre de 1647, día de difuntos en Cartagena, una procesión conduce la imagen de San Roque desde su ermita hasta el convento de Santo Domingo, en rogativas de agua y contra la epidemia de peste que se padecía.
- Desde 1663 la falta de lluvia había provocado una miseria espantosa, tras siete años sin venir agua del cielo los campesinos no tenían nada para comer. En 1670 se realizó un novenario de rogativas trasladándose la imagen de San Francisco al convento de San Ginés, llovió tanto, que las cosechas de aquel año de 1670 fueron las mayores que se recordaban, y con un beneficio enorme para las cosechas. Considerándose un milagro lo sucedido, se creó una cofradía que daría culto a la venerada imagen, siendo D. Juan de Austria el primer hermano mayor.
- Por el feliz parto de la esposa de Carlos IV en 1788.
- Para que llueva en 1789. El Concejo se gasta 700 reales en la comitiva para el pago de cera y otros. (Arch. Mpal. de Cartagena Caja 92-exp. 28).
Como señalaba anteriormente, las epidemias que sufría la población de forma cíclica, venían motivadas por haber gran cantidad de charcas en las plazas de San Francisco, la Merced y la Serreta, que sumadas a las aguas contaminadas por los pozos negros, favorecían la proliferación de mosquitos, gusarapos y bacilos (Juan Soler Cantó, Historia de Cartagena, 1990), añadiendo a todo esto las aguas estancadas en el Almarjal, siendo por tanto consecuencia del paludismo, endémico por aquellas fechas. En los años de 1761, 1762, 1766, 1771, 1779, 1785, se hicieron rogativas por las epidemias de terciarias (fiebres palúdicas. Los responsables de la mayor parte de los casos de malaria son los mosquitos Plasmodium vivax, que produce las fiebres terciarias benignas, y Plasmodium falciparum, que provoca las fiebres terciarias malignas. La infección maligna provoca unas complicaciones sistémicas que pueden conducir a la muerte del enfermo). En la rogativa de 1761 ocurrió un suceso trascendental, la lluvia no cayó tras la procesión de la Virgen del Rosell y los Cuatro Santos, y en cambio el aguacero se presentó torrencialmente al sacar a la nueva imagen napolitana de la Virgen de la Caridad que había llegado a la ciudad el 17 de abril de 1723. Ante lo sucedido la población decidió aclamar a esta imagen de la Virgen de la Caridad por patrona de la Ciudad.
Las rogativas no es solo cosa del pasado, el 13 de mayo de 1945 en Madrid, sacan a la calle el cuerpo incorrupto de San Isidro para implorar al cielo que llueva. La sequía que asolaba todo el país era insufrible y el Gobierno decide exhibir en la calle el cuerpo de San Isidro Labrador, patrón del campo, siendo presidida la procesión por la representación del Jefe del Estado, el ministro de agricultura, y acompañándole un amplio número de autoridades eclesiásticas, civiles y militares. No nos dicen si llovió.
Se conjuraba también con las campanas, principalmente para reclamar a los cielos la tan ansiada lluvia, y la bendición de las cosechas. También se utilizaban para ahuyentar todo tipo de males: desde epidemias hasta las nubes tempestuosas que pudieran traer las temibles granizadas, las lluvias torrenciales, y las inundaciones desastrosas para el campo.
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"La Mora" o campana de los conjuros (A)
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Se creía que tañer las campañas en los momentos de tempestad, haría deshacerse la tormenta, sin darse cuenta de la atracción que provocaba la torre y las campanas sobre los rayos (por ser metálicas), ocasionando no pocos siniestros fatales a los campaneros que las tocaban. Nuestro premio Nóbel Ramón y Cajal refiere la caída de un rayo, que él experimentó en su niñez: Sonó formidable y horrísono estampido, que sacudió de raíz el edificio, heló la sangre de nuestras venas y cortó brutalmente la comenzada oración. [...]creíamos que había estallado una mina, que se había hundido la casa, que la iglesia se había desplomado sobre la escuela..., todo se nos ocurrió menos la caída de un rayo. [...] Una voz salida de entre el gentío nos llamó la atención acerca de cierta figura extraña negruzca, colgante en el pretil del campanario. En efecto, allí, bajo la campana, envuelto en denso humo, la cabeza suspendida por fuera del muro, yacía exánime el pobre sacerdote, que creyó poder conjurar la formidable borrasca con el imprudente doblar de la campana. Algunos hombres subieron a socorrerle y halláronle las ropas ardiendo y una terrible herida en el cuello, del que murió pocos días después. El rayo había pasado por él, mutilándole horriblemente. En la escuela, la maestra yacía sin sentido sobre el pupitre, fulminada también, aunque sin heridas importantes. Poco a poco nos dimos cuenta de lo ocurrido: un rayo o centella había caído en la torre, fundiendo parcialmente la campana, y electrocutando al párroco; continuando después sus giros caprichosos, penetró en la escuela por una ventana, horadó el techo del piso bajo, donde los chicos estábamos, derrumbando buena parte de la techumbre; pasó por detrás de la maestra, a quien privó de sentido, y, después de destrozar un cuadro del Salvador, colgante del muro, desapareció en el suelo por un boquete, especie de madriguera ratonil, labrada junto a la pared. Ocioso fuera encarecer el estupor que me causara el trágico suceso
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Langosta común (B)
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Otras veces se solicitaba el auxilio de un conjurador, normalmente un sacerdote, que si tenía más suerte que sus compañeros en el conjuro, era solicitado sus servicios por otras áreas del campo cartagenero. El procedimiento para el conjuro era el siguiente: el saludador se constituía en juez y ante él comparecían dos procuradores, uno de parte del pueblo que demandaba justicia frente a la invasión de la plaga (langosta, gusano o pulgón) y el otro que se ponía de parte de la plaga. Después de exponer sus acusaciones el procurador del pueblo y de responderle el de la plaga, el juez condenaba invariablemente a la plaga y le conminaba a que abandonase el lugar so pena de excomunión (De Miranda, 1983). En 1454, la ciudad de Murcia envió a un jurado a la de Cartagena para contratar a una mujer de Almagro que era "saludadora" y que estaba allí para conjurar la langosta (Torres Fontes, 1981).
Documentos de la época relatan cómo se recurría a la intercesión de San Agustín ante el peligro de la langosta. He aquí algunos botones de muestra, sacados de las Actas capitulares del Cabildo catedralicio: La devoción al santo protector contra la langosta cundió por todo el Reino de Murcia, "El concejo de la villa de Vélez-Rubio hizo voto de ayuno y abstinencia a San Agustín, en 1609, con motivo de una terrible plaga de langosta que asoló los sembrados del campo y de la vega e invadió la población".
"5 de Mayo 1753. La plaga aparece también por la parte de Santomera. El Cabildo acordó que se traiga a esta Iglesia Catedral a San Agustín. abogado de dicha plaga, por su comunidad, el Lunes se le celebre misa de rogativa y a la tarde se haga conjuro solemne en la plaza del Arenal, yendo en procesión con el santo Lignum crucis y San Agustín".
"8 de Mayo. Martes. Bendijeron los campos sobre un gran tablado que erigieron en el Arenal por la mucha langosta que había.. Llevaron en procesión a Nuestra Señora de la Fuensanta y a San Agustín".
"12 de Mayo, Sábado. Habiéndose logrado la total exterminación de la langosta desde el día que se hizo el conjuro público y misas de rogativas, invocando el favor y protección de San Agustín, patrón de dicha plaga, que a este fin se condujo a esta Santa Iglesia y se llevó en la procesión general y conjuro, enviando el cielo inmediatamente una lluvia tan copiosa que la ahogó totalmente".
Los pájaros, beneficiosos para combatir la langosta, en algunos momentos podían adquirir ellos mismos las proporciones de plaga por su gran número. Las más frecuentes eran las de gorriones, al devorar las cosechas de cereal, uva, aceituna y frutales. En 1376, hubo tal gran cantidad de gorriones "que fazen muy grandes daños en los panes" (Lara Fernández y Molina Molina, 1976) y el concejo de Murcia pagaba cinco maravedíes por cada mil pájaros cazados. A principios del siglo XVI se pagan cinco reales y medio por quinientos pares de pies de "paxaros gorriones, los quales se quemaron" (Torres Fontes, 1981). Los tordos también constituían a veces una plaga y eran cazados porque además se consumían asados a la brasa.
El más famoso y conocido es el llamado conjuro de los gorriones, detallado por Federico Casal en sus Estampas Cartageneras del siglo XVIII y por Don Isidoro Martínez Rizo en sus Fechas y fechos de Cartagena que asimismo también lo data el 28 de febrero de 1734: En ese año de 1734 se preveía una magnifica cosecha de cereales, ya que las lluvias habían caído a tiempo, y se contemplaba el campo de Cartagena de un matiz verde, desde las lindes de la cercana Carrascoy hasta la misma falda de la muralla de Cartagena, por la enorme cantidad de granos en sus lozanas espigas, estampa que hace muchísimos años no recordaban los viejos del lugar. Un día, ante el asombro de los labriegos, vieron obscurecerse el cielo por inmensas bandadas de gorriones, que se precipitaban sobre las cosechas destruyéndolas. Recibieron avisos que la misma situación estaba sucediendo en Murcia y Lorca, con la consiguiente pesadumbre de todos, al esperar ver ese año sus graneros repletos del tan ansiado tesoro que portaban los cultivos.
Tomó medidas el Ayuntamiento ante las quejas y protestas de las gentes, y se decidió formar pelotones armados para perseguir y matar a las aves que tanto daño producían. Todos los vecinos de los pueblos que componían la jurisdicción de Cartagena, participaron en tan gran cacería, llegándose a pagar seis reales de vellón por seis docenas de gorriones. Pese a ello, cada día habían más gorriones, ni las armas de fuego, las redes, ni la liga como pegamento nada nada hacia aminorar la terrible plaga. Ante ello las quejas volvieron a sucederse ante el Cabildo, y este decidió mandar a Juan Antonio Garre, propietario de una galera, con una carta dirigida al franciscano Fernández de la Cruz que residía en Murcia, para que se sirviera venir a Cartagena y conjurar a los gorriones para abandonar la comarca.
A los pocos días se presentó en Cartagena el citado franciscano, se procedió con la mayor rapidez a formar una procesión con toda la parafernalia de le época: soldados de Marina con banda de trompetas y tambores, infinidad de personas del pueblo marchaban en filas llevando hachones encendidos rezando a voz en grito el rosario, todo el clero parroquial que llevaban bajo palio al Padre Fernández de la Cruz, el Ayuntamiento en pleno con sus maceros y alguaciles, y cerrando toda esta marcha un piquete de guardias Walonas.
Llegaron a los arrabales de la ciudad, a una huerta donde se había levantado un pequeño altar, se dijo una misa. Tras ella el sacerdote roció el campo con agua bendita en todas direcciones y dijo el siguiente conjuro: En nombre de Dios y en su santo poder, para que en el término de veinticuatro horas desaparecieran (los gorriones) del campo de Cartagena bajo pena de excomunión mayor. Dicho esto tornó la procesión a su lugar de origen, y ¡asombro! a los dos días no quedó un gorrión en toda la comarca.
Siempre cuando solicitamos o deseamos algo, volcamos nuestro deseo en que llegue a cumplirse lo invocado, en caso contrario puede acaecernos la desesperación en sus variadas formas. Como anécdota, un ejemplo con referencia a las rogativas seria la siguiente: en cierto pueblo castellano ocurrió un caso curioso, sus habitantes echaron el Cristo al río porque, a pesar de sus rogativas en procesión pidiendo lluvia, ésta no llegaba. Hay una copla que rememora este suceso, según el Diccionario Geográfico Popular de Gabriel María Vergara Martín (Madrid 1923):
No he visto gente más bruta
que la que hay en Alcocer,
que echaron el Cristo al río
porque no quiso llover.
JUAN ALMARZA POZUELO
Bibliografía
- Estudiosdedialectologiamurciana.www.tonosdigital.com
- Diccionario incompleto de la región de Murcia. Fco. Alemán Sainz. Ed. Reg. de Murcia. 1984.
- Enciclopedia Encarta 2006
- San Gines de la Jara. Francisco Henares. Ed. Hijos de E. Minuesa SL. Madrid 1988.
- El franquismo año a año. 1945. El Mundo. Octubre 2006.
- Historia de Cartagena. Juan Soler Cantó. Graf. Gómez. Cartagena 1990. pag. 200-1
- Historia de la Región de Murcia, tomo VII. Ed. Mediterráneo S.A. 1980.
- Estampas de Cartagena en el siglo XVIII. Federico Casal. Athenas ediciones. 1971
- De mi infancia y juventud, Un rayo. Ramón y Cajal (1901)
- http://www.arrakis.es/~lacal/pagina_n4.html
- http://servicios.laverdad.es/murcia_agua/cap2.4.htm
- http://www.diocesisdecartagena.org/organizacion/hermandades/280404pregon.htm
- http://www.ub.es/geocrit/sn-13.htm
- (A) Foto obtenida de http://campaners.com/php/campanes1.php?numer=299
- (B) Foto obtenida de http://www.novenet.com.mx/noticias/20060926/F165851.JPG